Febrero 27. Algunos hablen, otros evalúen.
Las lenguas eran un tema tan grande en la iglesia primitiva que Pablo tuvo que escribir algunas reglas para eliminar la distracción y carnalidad que producían. Ahora él daría reglas similares para los profetas que supuestamente estaban dando nuevas revelaciones de Dios para la iglesia.
Como en la práctica de las lenguas, en cualquier culto no era permitido que más de dos hablen en lenguas y solamente con un intérprete, porque la única edificación al escuchar una lengua extranjera se daría cuando ésta fuera interpretada. Sin un nuevo entendimiento, no es posible la edificación. El rigor de que haya prioridad en la edificación se observa también en las restricciones a los profetas.
Aunque el don de profecía, como el don de apóstol, cesaron muy temprano en la iglesia, estos fueron dados a la iglesia para cimentar su fundamento (Efesios 2:20), es decir el contenido completo de la Palabra de Dios; desde entonces los evangelistas, pastores y maestros deberían exhortar, clarificar y aplicar el contenido y significado de todo lo que los apóstoles y profetas nos dieron de la Palabra de Dios. “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2 Tim 3:16-17). Una vez entregada y grabada para todos los tiempos, la función primordial de un profeta sería redundante.
Hasta que las iglesias fueran establecidas y las revelaciones que fueron dadas “en parte” (13:8) continúen hasta que el proceso de la revelación de la Palabra de Dios fuera “completado” (telios, “perfeccionar o completar un proceso”). Mientras tanto, los profetas hablaron de parte de Dios a las iglesias. Ellos podían haber reiterado lo que dijeron los apóstoles o podían haber proclamado lo que había sido previamente revelado, o en ocasiones, dar revelaciones proféticas directamente de Dios. Este era un grupo limitado, con responsabilidades extremadamente serias, en las cuales no había lugar para el error.
Solamente dos o máximo tres, podían hablar en un culto dado.
Aquellos que no eran profetas tenían que “continuamente estar siempre evaluando lo que fue dicho” (diakrino, “ejercitar el discernimiento, decidir sobre o distinguir entre”). Ellos tenían que “probar los espíritus para ver si estos eran de Dios” (1 Jn 4:1). En ninguna parte Pablo sugiere que predicar o “profetizar” tiene un privilegio sobre la reflexión y la evaluación. Alguien que dice estar dando profecía divina, por definición, debe ser infalible. Los falsos profetas dan profecías equivocadas por lo menos la mitad de las veces. Cualquiera que dice hablar de parte de Dios y miente acerca de recibir una revelación que es falsa o errónea, prueba que es un falso profeta. Ya que los profetas estaban poniendo el fundamento de la iglesia, la integridad de su mensaje era vital. No podía haber desviaciones de revelaciones previas. Ningún profeta actuó unilateralmente en la enseñanza, porque Dios estableció este proceso de rendición de cuentas para asegurar a todos los tiempos la validez de Su Palabra revelada. Para el Segundo siglo el Didache [Enseñanzas] contradecía a Pablo diciendo, “No deberías probar o examinar a ningún profeta que está hablando de parte del Espíritu, ya que la blasfemia contra el Espíritu ‘no será perdonada’” (Didache 11:7). Por eso, de forma muy rápida, llegaron a las iglesias múltiples errores y falsas enseñanzas.
Prov. 14:25, “El testigo verdadero libras las almas; Mas el engañoso hablará mentiras.”
Traducido por Christian Sylva Avila.
Ver artículo completo en su fuente original: Meditar en los mandamientos
Related posts:
- Febrero 18 No detengan otros ministerios
- Devocional Febrero 01
- 16 de Octubre. Confiesen sus pecados unos a otros. Oren unos por los otros.
- Es correcto juzgar las acciones y doctrinas de otros?
- Repaso de la Escuela del Ministerio Teocrático, FEBRERO —15 Febrero
Comparte este artículo con tus amigos en facebook: Compartir