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EL FIN DE LA LEY ES CRISTO




[Romanos 10.4] porque el fin de la leyes Cristo, para justicia a todo aquel que cree.

Justicia:

¿Qué es la justicia? La mayoría piensainmediatamente en una persona que trata de guardar una lista de reglas, comouna persona que nunca pasa por encima de la línea. Cuando habla de justicia enRomanos, Pablo quiere decir mucho más que esta forma común de entender lapalabra. Evoca el concepto del Antiguo Testamento de justicia, el cual habla deuna relación digna entre Dios y una persona, o entre Dios y su pueblo.

En el Antiguo Testamento la justicia esfundamentalmente un atributo de Dios [Sal 71.15]; [Sal 119.42]. Él sólo esverdaderamente Justo. Es el único que permanece fiel a sus promesas, a su pactocon Israel, y a su Ley. A su vez, los israelitas como pueblo de Dios tuvieronla responsabilidad de ejemplificar la justicia de Dios en esta tierra. Porúltimo, esto quiere decir que ellos tenían que amar y adorar sólo al Diosviviente. La ley de Moisés podría resumirse en este mandamiento y sus consecuencias:“Amarás a tu prójimo como a ti mismo” [Lv 19.18]; [Mr 12.31]. Trágicamente, losisraelitas no cumplieron; y éste era el motivo principal [Éxodo 32:9]: Dijo másJehová a Moisés: Yo he visto a este pueblo, que por cierto es pueblo de duracerviz. Ellos se demostraron infieles al pacto, aunque Dios se mostró fiel. Alenviar profetas a su pueblo, el Señor le advirtió una y otra vez de supecaminosidad. Finalmente a lo largo de la historia tuvo que disciplinarlos conhambre, derrotas militares, y aun con el cautiverio en Babilonia. No obstante,Dios permaneció fiel, y restauró a su pueblo, a la tierra y a Él mismo cuandose arrepintieron y se volvieron a Él.

Tras su retorno de Babilonia, losisraelitas confundieron la justicia con la adherencia estricta a la Ley como seregistra en el Pentateuco. Por cierto, los líderes judíos religiosos añadieronnumerosas enmiendas a la Ley para asegurar que nadie la infringierainadvertidamente. La obediencia celosa a la Ley se asemejó con la justicia. Sinembargo, el mero acatamiento externo para un conjunto de reglas no agradó aDios. Lo que Dios quería era arrepentimiento, corazones humildes, que leadoraran verdaderamente. Quería ser el Dios de sus corazones y mentes, y elcentro de su devoción; pero el razonamiento y la rebeldía del hombre siempreimpide una comunión perfecta con Dios.

En la carta a los Romanos, Pabloclaramente establece que nadie ha logrado esta norma; nadie ha amado y adoradocompletamente al Señor como debiera ser [Ro 3.23]. Todos pecaron. Ninguna buenaobra o apariencia externa de piedad puede restaurar una relación digna con elSanto de Israel [Is 64.6]. Por una parte, los gentiles no persiguieron unarelación correcta con su Creador, de manera que fueron entregados a todo tipode males [1.18-31]. Por otra parte, los judíos a través de la obedienciaexterna a la Ley y a sus tradiciones intentaban justificarse delante de Dios[9.31, 32]. Ambos fracasaron, esos no eran los caminos correctos por parte delhombre. Jesús es el único que puede estar delante de la gloria de Dios; es elúnico que es verdaderamente justo. Asombrosamente, nos ofreció una salida anuestra esclavitud del pecado. Al poner nuestra fe y confianza en Él, y podemosser declarados justos delante de Dios. Podemos tener una justicia que no tienenada que ver con nuestras obras sino que al contrario, descansa en la vidainmaculada de Jesús y su muerte expiatoria por nuestros pecados. El Señor nosperdona y nos declara justos debido a nuestra identificación por fe con lajusticia de su Hijo [4.5]. A través de Jesús, podemos finalmente liberarnos dela culpabilidad del pecado. No solamente podemos acercarnos al único Santo enalabanza y gratitud, sino que podemos hacer la voluntad que agrada a Dios.

[Ro 10:4] porque el “fin” de la ley esCristo:

Fin: Significa propósito, cumplimiento,motivo, finalidad, objetivo.

Es decir, Cristo cumplió todos losrequerimientos de la Ley. Cristo era el objetivo al que debía conducir la Ley.El punto es que Israel era ignorante de la justicia de Dios porque fallaron encomprender con qué propósito se hizo la Ley. La Ley revelaba el pecado ymostraba a los hombres que no podían tener esperanza niguna en guardarla.Cristo vino y la cumplió, luego nos ofreció su “JUSTICIA” a través de la “FE”en Él.

Unidad en el Cuerpo de Cristo

En el tiempo que Pablo escribió sucarta a los cristianos en Roma, los gentiles probablemente estabanconvirtiéndose en la mayoría de los creyentes a lo largo de la iglesia. Cadavez los judíos tenían menos influencias teológicas, culturales y políticas.Gradualmente (y trágicamente) las actitudes de orgullo y prejuicio con que losjudíos menospreciaban a los gentiles estaban nuevamente obsesionándolos, asícomo también los creyentes gentiles comenzaron a apartarse de sus hermanosjudíos.

En [Romanos 9-11], Pablo suplica a suslectores gentiles que recuerden que Dios no ha olvidado a Israel. Dios hizopromesas a la nación que no puede desechar [11.29]. Además, los gentiles notenían derecho de ser arrogantes porque ellos no fueron originalmente incluidosentre el pueblo de Dios, sino que fueron admitidos como ramas injertadas a unárbol; o sea en el “buen olivo” [11.17, 18].

Pablo vio la posibilidad de una iglesiadividida, con creyentes judíos y gentiles que iban en caminos separados. Si esopasara, los gentiles ignorarían a la comunidad judía por completo en vez demostrar compasión y comunicar el evangelio, de modo que los judíos pudieran sersalvos. Por esto aquí, como en otras partes, Pablo desafía a los creyentes aprocurar la unidad en el Cuerpo de Cristo y la caridad entre los hombres delmundo.

Nota:

[Romanos 10:4] El fin de la Ley esCristo: La Ley llega a su término con Cristo: El sentido más probable es queCristo pone término al régimen de la Ley  [Ro 7.4-6]; [Gl 3.24]. Algunos traducen: LaLey tiene como finalidad a Cristo.

[Romanos 10:4] Versión lenguaje actual:Dios ya no nos acepta por obedecer la ley; ahora sólo acepta a los que confíanen Cristo. Con Cristo, la ley llegó a su cumplimiento.

En lo que respecta a ser aprobados porDios, para todo el que tiene fe, Cristo fue el cumplimiento del propósito de laley, y Cristo cumplió toda la Ley. Y la Ley llegó a su fin, con la muerte deCristo; [Heb 9:15-17]  Así que, por esoes mediador de un nuevo pacto, [Jeremías 31:31] para que interviniendo muertepara la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, losllamados reciban la promesa de la herencia eterna. Porque donde hay testamento,es necesario que intervenga muerte del testador. Porque el testamento con lamuerte se confirma; pues no es válido entre tanto que el testador vive.

[Hechos 13:39] y que de todas las cosasde que no pudisteis ser justificados por la ley de Moisés, por medio de Él,todo aquel que cree es justificado.

[Romanos 3:22] es decir, la justicia deDios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen; porque no haydistinción;

[Romanos 7:1] ¿Acaso ignoráis, hermanos(pues hablo a los que conocen la ley), que la ley tiene jurisdicción sobre unapersona mientras vive?.

Por lo tanto el hombre debía morirprimero, por la muerte por el bautismo: [Romanos 6:4]

[Gálatas 3:24] De manera que la ley havenido a ser nuestro ayo para conducirnos a Cristo, a fin de que seamosjustificados por la fe.

[Gálatas 4:5] a fin de que redimiera alos que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción de hijos.

Evidentemente Cristo se presenta comoel que vino a cumplir la ley [Mat. 5:17]. Es también cierto que en Gálatas laley se presenta como el tutor que nos conduce a Cristo [Gál. 3:24].

Debemos fijarnos en que Pablo no dicesimplemente que Cristo es el fin de la ley, sino que Cristo es el fin de la leypara justicia. De hecho la ley de Moisés en sus aspectos morales y éticos sigueteniendo validez para el creyente. Con la aparición de Cristo en la historia,el día de una justicia por la ley por medios legalistas se terminó, en otraspalabras, llegó a su fin.

Es importante notar la última frase delversículo. Cristo es el fin de la ley para justicia a todo aquel que cree. Lacondición es “FE” en Jesús y este camino es aplicable y requisito indispensablea todos los hombres. ¡Nadie queda excluido!

¡Gracia y Paz, en Cristo Jesús!

Ver artículo completo en su fuente original: PUERTAS ETERNAS

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