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ALABASTRO DE PERFUME




Alabastro de Perfume

De cada persona que ha creído en Cristo, brota un aroma, un perfume de vida; que se hace más intenso en la medida que nos acercamos más a Dios…

Esto no es un escrito acerca de la unción. Son sólo unas palabras que brotan de un corazón que ha logrado experimentar en el plano físico, las verdades espirituales que tenemos en Cristo. Son los versos de una persona que ha visto como el tener vida en Cristo, ¡Marca la diferencia!.

Y ésta es la promesa que él nos hizo, la vida eterna. Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida.” (I Juan 2:25; 5:11 – 12a)

Cuando creímos en Cristo como nuestro Salvador, y somos vivificados en su sacrificio eterno, dice la Escritura que somos templo del Espíritu Santo y él mora en nosotros. Quiere decir que en cierta medida somos como un recipiente, algo que contiene a…
Dimensionemos lo que esta realidad significa e implica en nosotros como seres humanos. Estamos diciendo que una persona de la Deidad, el Espíritu Santo, hizo morada en nosotros, no dice una parte de él sino él en su totalidad: Poder, amor, majestad, como Dios, como consolador, ayudador, guía, etc. Venimos a contener todo el esplendor del amor y poder de Dios. Dice además, que por su obra somos convencidos de pecado y llevados al arrepentimiento: SOMOS NACIDOS DE NUEVO. En el ámbito espiritual este hecho es de gran impacto porque hemos pasado del reino de tinieblas al reino de Luz, y lo que antes se enseñoreaba o ‘conteníamos’ dentro de nosotros (odio, rencor, malicia, orgullo, resentimiento, mentira, vanagloria, etc.) quedó clavado en el madero de la Cruz. Somos recipientes, antes de conocer a Cristo estábamos llenos de toda esa basura, en el instante en que conocemos a Jesús ‘nos quedamos vacío’ pero inmediatamente el Señor empieza a llenarnos de ÉL.

Ahora, en el plano físico ¿Cuál es la diferencia? En alguna porción de la Escritura, dice que cuando Jacob peleó con Dios en Bet-el quedó cojeando de un muslo. Cuando nosotros nos hemos topado con el esplendor del amor de Dios, hasta nuestra manera de caminar cambia: quiere decir que todas las cosas son hechas nuevas, incluso nuestro semblante cambia drásticamente cuando empezamos a disfrutar de la plenitud del gozo de ser reconciliados con Dios; andamos con una profunda alegría, que aún cuando no pasemos con una sonrisa de oreja a oreja, todo el día, en nuestra mirada se nota algo diferente, que viene de dentro y no del fingimiento humano.

Si hasta ahora ha aprehendido estas palabras, sin ningún esfuerzo, puede llegar al convencimiento de que somos recipientes y por ser recipientes de algo tan valioso, NOS HEMOS DE LLAMAR ALABASTROS.
Somos entonces, alabastros de cierto perfume, ¿pero cuál es nuestro perfume?…La vida nueva que tenemos en Cristo Jesús. Por eso, es que no debemos extrañarnos cuando alguien que no conoce a Cristo se nos acerque y diga que ‘tenemos algo diferente’, algo que sin dudar se sale de los parámetros humanos, algo especial; y si me sigue en esta analogía, podemos decir que evidentemente cuando un perfume es exquisito y agradable, podemos entrar en un lugar bullicioso, caótico, pero cuando se percibe lo delicioso, sutil y agradable del aroma, se calman los ánimos y todas las miradas se van de tras de aquel que MARCÓ LA DIFERENCIA.


YO = RECIPIENTE = ALABASTRO
La vida en Cristo = Marca la diferencia = PERFUME

Entonces bien, también es evidente que hay unos perfumes más perceptibles que otros; debido a la combinación de sus ingredientes muchos aromas perduran horas, incluso días; y son notados por el olfato menos adiestrado. Ello quiere decir, que si bien todos los que hemos creído en Cristo somos alabastros de su perfume, de su vida nueva, hay a quienes se les percibe más fácil el ‘aroma a Cristo’ que tienen. ¿Por qué? Le invito a que lea Éxodo 33:18-23 y 34:29- 30
Dice la Palabra, que el rostro de Moisés resplandecía, obviamente todo aquello que estaba contenido en Moisés proveniente de Dios, se hizo evidente y notable a todo ojo humano, el perfume se hizo perceptible a cualquiera. ¿Por qué? Porque dice la Palabra que Moisés estaba delante de la presencia de Dios. Entonces, ese perfume, ese aroma a Cristo que contenemos, ese aroma a vida, se hace más evidente en la medida que estemos de continuo en la presencia de Dios, buscándole, esforzándonos por ser saturados de Él, de su presencia, de su amor, de su poder, gloria…

Eso no significa un sobre-esfuerzo proveniente del ‘yo’, un yo soy fuerte y lo puedo lograr, yo soy auto disciplinado, yo soy autosuficiente; ni tampoco implica buscar el rostro de Dios por medio de herramientas espirituales sometidas a mi voluntad humana, es decir, orar muchísimo pero conforme a mis propios intereses; leer y tragar biblia sin meditar en ella
Buscar la presencia y llenura de Dios es rendirnos ante el Padre, y presentarnos como sacrificio vivo , como un recipiente indigno de contener tal belleza y majestad y guiados por el Espíritu Santo decirle al Señor: quiero que moldees mi ser como el alabastro que tu quieres que sea, rindo mi voluntad a ti y te pido que no todo aquello que no proviene de ti, sea desechado y ser lleno del esplendor de tu amor, de tu presencia, de ti, quiero Señor hacer solamente tu voluntad y reflejar la nueva criatura que soy en ti.

Créame cuando le digo que si rendimos todo nuestro ser a Cristo, El hará maravillas con usted, y no porque usted sea mas espiritual que los demás, sino porque ha tomado la decisión de estar mas cerca de la fuente, de la cual mana la vida y el amor

Ver artículo completo en su fuente original: SOld@dOs dE CRiStO

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