3 de Septiembre – Devocional Cristiano
“Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías?”. 1 Reyes 19:13.
Obviamente, la pregunta no estaba refiriéndose a su localidad física, Dios le había llamado al lugar exacto donde estaba parado.
Aunque Dios ya sabía la respuesta, Dios estaba preguntando a Elías que le había llevado a esta condición de derrota espiritual.
A Elías le fue dada la oportunidad de hablar con Dios, presenciar su poder y actualmente pararse ante su presencia y aún, estaba lleno de duda y se sintió terriblemente solo.
“… sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida”. 1 Reyes 19:14.
Una vez más, Dios pudo haber sermoneado a Elías acerca de su falta de fe.
Pero, en su misericordia, Dios le dio a Elías el consuelo que necesitaba para continuar.
“… yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal… ”. 1 Reyes 19:18.
Dios motivó a Elías diciéndole que habían muchos más que estaban luchando en esta misma batalla.
También le dio a Elías un compañero que andaría con él por el resto de su ministerio.
“… a Eliseo hijo de Safat, de Abel-mehola, ungirás para que sea profeta en tu lugar”. 1 Reyes 19:16.
Jesucristo murió como sacrificio por nuestros pecados para que pudiéramos ser restaurados en una relación amorosa con nuestro Padre celestial.
Esta relación nos salva de una muerte eterna en la fosa de llamas del infierno, pero también nos permite ser salvos de la desesperación, temor, soledad y falta de propósito que nos rodea en el mundo ahora.
Somos eternamente salvos por la gracia de Dios a través de la fe en Jesucristo.
Pero en la manera que caminamos, tenemos que confiar en Dios para salvarnos de los efectos de un mundo caído y de nuestra propia debilidad y naturaleza pecaminosa.
Nunca debemos tener miedo o vergüenza de decir a Dios exactamente como nos sentimos.
- Me siento débil y solo, Señor.
- ¡Te necesito!
Nada que podamos decir sería una sorpresa para Dios o puede ser motivo para que nos deje solos.
Nuestro Padre celestial nos ha llamado a examinar nuestro corazón, confesar nuestra condición y confiar en él para la solución… nos ha llamado a ser salvos.
Nuestra fuerza en el Señor frecuentemente depende de nuestra capacidad de reconocer y admitir nuestras debilidades.
Luchemos para vivir cada día en su presencia, pero también preparémonos para responder honestamente y sin temor cuando Dios nos pregunte…
- ¿Qué haces aquí?
Amén.
Ver artículo completo en su fuente original: El Predicador ©
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